lunes, 31 de octubre de 2016

Entrevista a Viaje a Ixtlan: Viaje eterno, viaje a ningún lado




“No hay nada que esperar, el tiempo no es nada. Y una mañana despertarás buscando en la niebla alguna señal que muestre el camino para regresar”. Las palabras tienen alas y sobrevuelan la nebulosa en “El Fin de los Tiempos”. En la antesala de la presentación de “Vol. II” en Club V, charlamos con Mariano Bertolazzi (guitarra acústica, voces y sintetizadores) y Fernando “Finger” Figueiras (guitarra y voces) sobre aquellas primeras ideas del proyecto, la conexión con Don Genaro, Pink Floyd, Narcoiris y las lecciones del camino. Buen viaje. 


“Toco el bajo hace muchos años pero también la guitarra, que es el instrumento que tengo a mano, que uso hasta para componer las líneas de bajo. Por diferentes motivos, tuve que guardarme en casa y salieron algunas canciones. Lo traje a Leo Aldegani, que es un amigo en común que tenemos con Finger, a laburar esas canciones que tenía. Fueron tomando forma y pintó la idea de grabar. Con Narcoiris estábamos con poca actividad y fuimos con Leo para el estudio El Attic de Pato Claypole. Grabé las violas y los bajos y tenía algunas letras que después las terminó grabando Finger...”, recuerda Mariano sobre lo primeros pasos de Viaje a Ixtlan.

—El plan era hacer algo distinto a Narcoiris… 
—M: Un poco sí, no sé, no lo pensé por ese lado en realidad. El nombre Viaje a Ixtlan es de un libro de Castaneda, pero lo quise relacionar con la música viajera que estábamos haciendo en ese momento.

—¿Es solamente un nombre o hay algún concepto detrás que conecta al libro con la música? 
—M: Del libro en sí, no. El último capítulo es el que la da el nombre y yo la flashé mucho con la historia de Don Genaro, que es el tipo que está tratando de llegar a Ixtlan. Es un viaje eterno, él sabe que no va a llegar, sin embargo toma el camino e intenta volver todo el tiempo. Me pareció conmovedor y triste en un punto, y tomé eso para mí, como un viaje a eterno, como la vida misma, un viaje a ningún lado.

—¿Cómo lo definen musicalmente? 
—F: Siempre me pareció que conceptualmente era como una música cinemática, sentís que está acompañada de una imagen que no está, que te cuenta una historia muy lentamente de una película. Es una atmósfera musical que te envuelve.
—M: En muchas canciones de Narcoiris tenemos desarrollos instrumentales importantes donde metimos muchos sintetizadores y pianos. “Paisaje Negro”, el último tema de “Temporal” es un drone eterno y tiene esa cosa viajera. Los bloques instrumentales, climáticos y de cuelgue en Narcoiris también existen y quizás Viaje a Ixtlan es ese costado llevado al máximo.

—¿Ya tienen una formación estable? 
—M: Si. Al principio, Sergio Ch. que hacía poco que había dejado a Los Natas, se sumó a grabar en el primer disco y hasta produjo. Finalmente terminó saliendo por su sello South American Sludge. Ni bien se edita, empezamos a tocar con Leo, el batero anterior, y Grillo de Gripe en el bajo. Luego vino otro bajista y Grillo pasó a los teclados, sintetizadores y efectos. Y entre toda esa movida, apareció Damián Colaprette que es un ingeniero de grabación, quien nos contacta y nos propone grabar de nuevo. Le dijimos que si, sin ni siquiera tener temas cerrados ni banda, porque el batero ya se había ido. Ahí lo llamamos a Sebastián “El Bonzo” Romani y a su hermano Javier, que están actualmente con nosotros, y en dos meses grabamos otro disco. Ahora también se sumo “El Jeque” Fartax en los sintetizadores, hace 6 meses. Ahora somos un quinteto estable.

—Musicalmente, me parece que “Vol. II” tiene una atmósfera a “Dark Side of the Moon” de Pink Floyd. No sé si están de acuerdo con esa apreciación… 
—M: Todos amamos a Pink Floyd. Cuando surge lo de grabar el segundo disco, yo tenía algunas cosas compuestas, pero nada concreto. Un día de calor estaba tirado en mi habitación con un parlante de cada lado de la cabeza escuchando “Echoes” y lo llamo a Finger y le digo “tenemos que hacer un tema así”, como un delirio. Ahí empezamos a desarrollar “El Camino Blanco” que abre “Vol. II”. Yo quería subir la apuesta e incluir más sintetizadores y de ahí creo que se puede emparentar con Pink Floyd porque los tipos utilizaban mucho esos audios. Por eso invitamos a Ernesto Romeo a grabar porque tiene instrumentos de la época…
—F: Él tiene exactamente los mismos aparatos que tenían Pink Floyd y Yes en ese momento. Eso también remite a ese sonido. Cuando vino acá Rick Wakeman, se los prestó para tocar.

—Estuvieron tocando por Santa Fe y Córdoba, ¿cómo es la escena allá en comparación con lo que pasa acá? 
—M: Estuvimos en Venado Tuerto, nos recibieron los chicos de Super Fat que tienen un bar, con escenario y equipo de audio e invitan a tocar a bandas de Buenos Aires, tienen un lugar para dormir, muy lindo. Había muchos jóvenes, que a Pink Floyd casi que no lo conocían. Entonces le caés con un tema de 20 minutos, que en vivo siempre se prolonga un poco más y creo que no se llega a entender cómo viene la mano en ese sentido. En Córdoba hay una movida de rock muy grosa, muy buenos músicos, muy buenas bandas, mucho rock setentoso y ahí el público sabe de qué se trata. La gente de allá nos tiene junados.
—F: Córdoba tiene un under bastante fuerte, entonces el público está acostumbrado a ver bandas y se quedan toda la noche porque saben que todas las propuestas están buenísimas. Arrancan tipo 1 de la mañana y terminás de tocar cuando es de día.
—M: Nosotros fuimos al Belle Epoque varias veces, y el dueño banca mucho la movida rockera. Tiene un salón para 300 personas, una pantalla gigante y todo eso está a disposición de los músicos. La banca desde su bolsillo, aprovecha esa estructura para darle la posibilidad a la bandas de difundirse y eso me parece una salvedad importante. Eso en Baires no se nota.
—F: Lugares que le ponen el pecho acá son pocos: Club V, Salón Pueyrredón, no se me ocurren muchos más. Hay fechas que salen bien y otras que no, sin embargo siguen apostando.

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“Los bloques instrumentales, climáticos y de cuelgue en Narcoiris también existen y quizás Viaje a Ixtlan es ese costado llevado al máximo”. Mariano Bertolazzi.
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—Básicamente, Viaje a Ixtlan es la formación de Narcoiris más un bajista y ahora un tecladista. En algún momento de la concepción y el desarrollo del proyecto, ¿no les dio cierto “temor” que la gente se confunda ambas bandas? 
—M: (Risas). ¡Yo me confundo ambos proyectos! La otra vez tocamos dos noches seguidas, un viernes con Narcoiris y al otro día con Viaje a Ixtlan, y en la última presente a la banda como Narcoiris. Es fácil confundirse, lo es para nosotros y supongo que para el resto también. Pero es otra plataforma de expresión. En Viaje a Ixtlan yo canto un poco más, las letras las escribo yo.
—F: Me parece que es parte es una inquietud. Uno realmente está en esto porque le gusta hacerlo, no hay ninguna expectativa más allá de poder seguir haciéndolo y divertirte. Entonces se dio así esta manera de laburarlo y mostrar las dos facetas. Componemos mucho, estamos pensando un disco más con cada proyecto. Van por el mismo camino pero son distintos. Nunca pensamos unificar la música de Viaje a Ixtlan con la de Narcoiris.

—Cómo viven la previa de tocar con Narcoiris y cómo la viven con Viaje a Ixtlan, ¿es lo mismo o son mambos distintos? 
—M: Con Narcoiris toco el bajo, un instrumento que conozco desde hace ya 20 años, con el cual me siento más cómodo, requiere menos concentración y en la previa estoy mucho más suelto. Con Viaje a Ixtlan me pasa que necesito estar más ordenado, porque no solamente toco la guitarra y canto sino que también estoy con los sintetizadores y hay que orquestar toda la movida. Ahora somos cinco tipos y tenés que escuchar todo. Es un poco estresante pero hay un punto donde cambio el chip y meto mucho en lo que está pasando musicalmente.
—F: En mi caso, sigo tocando el mismo instrumento, la ventaja es que el rol de “director de orquesta” en Viaje a Ixtlan lo lleva Mariano y en Narcoiris lo llevo yo. Para mi Viaje a Ixtlan es más libre, hay una estructura pero también hay zapada. Como guitarrista tengo más lugar, en el sentido que si quiero puedo tocar una nota sola. Narcoiris es palo y a la bolsa.

—Siento que en ambos proyectos hacen mucho hincapié en ese audio característico de los 70´s y en toda la parte gráfica… 
—F: Básicamente nos gusta ese tipo de sonido, desde que arrancamos a tocar nos fuimos inclinando por eso. Y en la parte gráfica, hay mucho laburo, hay gente que hace las cosas super bien y está bueno sumarlas para que se expresen dentro de lo que uno hace.
—M: Los discos, artes y flyers de ambas bandas tienen un concepto, siempre tratamos de laburar con gente que se conecte. Pasó con “El Primer Enemigo del Hombre” de Narcoiris, el arte lo hizo Ale Leonelli que trabajó con Pez, Humo del Cairo y muchos más. Le contamos de qué venía el disco, le pasamos la música y laburó arriba de eso. Por eso lo buscamos también para “Vol.II” de Viaje a Ixtlan. Ahora estamos trabajando con Julián Ciceri que está involucrado en el nuevo arte del disco de Narcoiris.

—¿Cómo es esto de mantenerse vivo entre tantas bandas que hay para ver? 
—F: Primero que nada, uno hace lo que le sale. Estamos tocando hace mucho, eso también te da cierta calidad en los proyectos que hacés, que la ganás tocando. Nosotros somos gente grande, tocamos hace casi 20 años. El acercamiento de la gente es aleatorio, nadie lo sabe, es lo mágico de todo esto. Por ahí hacés la mejor música del planeta pero a nadie le gusta y eso no depende de uno. Tratamos de que nuestra música llegue a la mayor cantidad de gente posible pero desde la honestidad. Nosotros hacemos esto, no nos sale otra cosa. Toco con gente que tiene una cancha impresionante y eso te da mucha tranquilidad, por ahí eso se nota. Por otro lado, nunca nos quedamos quietos. Entre los dos proyectos, en seis años tenemos casi seis discos, es mucho movimiento.
—M: Este último año se sumó mucha gente a darnos una mano, como Scatter, South American Sludge, Félix Bunge, Rock City, eso hace que la cosa sea un poco más abarcativa, aunque es relativo eso, pero hace que puedas llegar a muchos más lugares. También tiene que ver con el azar. Nos han pedido discos de Suecia, México, Noruega, del interior del país también y reseñas que llegan desde varios lados.

—Como decían, vienen tocando hace mucho tiempo, con muchas bandas, en muchos lugares, han grabado discos, ¿qué cosas han aprendido en este largo camino de la música? 
—M: Aprendí a no esperar nada, por ejemplo, eso de esperar el momento justo para grabar un disco, tener todo aceitado, las letras cerradas, para mí eso no existe...
—F: O esperar que alguien te descubra, esas cosas pasan en las películas nada más…
—M: Tengo ganas de tocar, tengo amigos como Finger con quien laburamos juntos, tengo sellos que nos pueden editar discos, gente que nos puede ayudar, ¿qué nos puede detener? ¿Qué nos puede hacer dudar? Hoy hay maneras muy accesibles de mostrar tu música y eso es provechoso. Podés grabar hoy, mezclar mañana y luego subir un disco. Eso está bueno y hace que no tengas que esperar para hacer cosas.

—En este tiempo, ¿les pasó de decir “mandemos todo a la mierda”? 
—F: Eso me pasa cada dos meses (risas). Si hay algún mensaje que puedo dar, es que tenés que ser honesto con la música que hacés. Está lleno de pelotudos en la música, en el ambiente, pero también hay gente buena, que le gusta lo que hacés, que te da una mano. Uno como compositor, se está exponiendo y pone el corazón en lo que hace. Siempre hay gente que te dice que está bueno lo que hacés, que vayas para adelante.
—M: Esto lleva un montón de laburo, no es sólo ensayar. Muchas de las fechas que hacemos las llevamos adelante nosotros, con ayuda de personas, pero invitamos a las bandas, hablamos con los productores, estamos involucrados en todo. En el medio de todo eso, suceden cosas buenas y no tan buenas. Cuando Finger habla de la gente mala o de los malos momentos tiene que ver con eso. Si llevar adelante un show te da dolores de cabeza, ahí decimos “se va todo a la mierda”, “no toco más”, o que venga alguien que me contrate, no sé. Somos músicos y nos gusta tocar en vivo, entonces tenemos que lidiar con un montón de cosas que no nos copan, pero no podemos escapar.

—¿Cuál fue el show más memorable de Viaje a Ixtlan? 
—M: Me gustó mucho la última fecha del Motoclub, que fue la primera con “El Jeque”. Aceitamos mucho la maquinaria y eso me dio soltura para tocar y pasarla bien de verdad. Y bueno, tocar con Yawning Man fue increíble.
—F: Lo más memorable fue la gira por Sante Fe y Córdoba, por la aventura (risas). Lo mejor es toda la previa, tocar con gente amiga y eso por ahí eso el público no lo ve. Estás desde las siete de la tarde y por ahí terminás a las siete de la mañana, para tocar 40 minutos. En todo ese tiempo te la pasás enchufando y desenchufando cosas y divirtiéndote con las demás bandas.

—¿Cuál es el balance que hacen de este año que está terminando? 
—M: Este año tocamos mucho menos que el anterior porque así lo queríamos, veníamos muy quemados. Viaje a Ixtlan no deja de darnos satisfacciones, nos invitan a tocar, hay un puñado de personas que les interesa y nos viene a ver. Estamos maquetando canciones nuevas y tener esa posibilidad de seguir haciendo cosas y que la energía no se agote, me parece positivo.

—Van a estar presentando “Vol.II” este viernes, ¿qué les dijeron aquellos que ya los fueron a ver? 
—M: En algún momento lo que teníamos que hacer, porque el disco salió hace como un año y medio. Vamos a presentar “Vol.II”, es cerrar una puerta y abrir otra. Y también simbolizar a Viaje a Ixtlan como una banda posta. Varios nos dijeron que flashean mucho con los sintetizadores. “El Camino Blanco” es un bloque muy extenso donde improvisamos y no hay muchas bandas que le den importancia a estos sonidos. Me parece que como no están dentro de una estructura y no requieren gran concentración, la gente se suelta y se sumerge en el vuelo de la banda. —

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Créditos:
Foto #1: archivo de la banda.
Foto #2: arte por Julián Ciceri.

Próxima fecha:Viernes 4 de noviembre @Club V


domingo, 23 de octubre de 2016

Entrevista a Mateo Baggio de taller de Remedios – Sello Cabello: discos caseros y artesanales





Mateo Baggio tiene 34 años. Respira arte y autogestión en la casa-taller de Remedios, en Escobar. Esa fue la cuna del sello Cabello. Además, toca en solitario y en formato trío en Nomateo y está a cargo de las luces en La Tumba del Alca, una de las bandas más activas del catálogo. En lo sucesivo, repasa la historia de ambos proyectos artísticos hermanados en el tiempo y en ideas, devela el modus operandi, habla del hazlo tú mismo, la organización de los ciclos Antiego y Kamikaze y todo su mundo artesanal. Imperdible.

—¿Primero vino el taller o el sello? 
—Primero está el taller, que es una idea que viene desde 2009 y lo inauguramos en 2010. Fue una idea personal, yo estudié en el IUNA, aunque no terminé la carrera en artes visuales. Ahí cada vez que pintás, te dan ganas de tener un taller. A fin de 2009 vuelve Ezequiel Jaime de México, un músico de Escobar muy zarpado que es de Escobar y estuvo allá como 10 o 15 años, y armamos Capo Choclo, un proyecto experimental, noise. De aquí surge la idea del sello. Fue como una reacción en cadena. Pintó hacer el taller de plástica y cuando armamos este dúo, la experimentación electrónica. El taller fue como el bunker de estas ideas.

—¿Por qué “Taller de Remedios”? 
—El taller está sobre la calle Remedios de Escalada pero también por la palabra “irremediable”. Veníamos charlando con Ezequiel y nos convenció ponerle “Taller de Remedios” y como subtítulo “Laboratorio casero e irremediable”.

—¿Qué actividades realizan ahí? 
—Con los años di clases de pintura, de grabado, de circuit bending o circuitos doblados, que es como la movida hazlo tu mismo pero en la electrónica. Esto de hacer tus aparatitos, pedales o intervenir un juguete y sacarle otros sonidos. Después surgió el proyecto de sello. Capo Choclo paró un poco y yo empecé a tocar por mi parte, entonces ya no doy clases. Si bien hoy ya no ofrezco una serie de talleres, quedó como espacio de consulta y de taller libre. Acá hacemos toda la gráfica del sello Cabello y otros laburos relacionados con la música.

—¿Qué técnicas usan? 
—Hacemos mucho grabado, que puede ser xilografía, que es tallado en madera, alguno en chapa también hicimos. Después imprimimos en blanco y negro con láser y encima lo coloreo a mano o hago sellos con otros detalles.

—¿Con qué ideas nace el sello Cabello? 
—El sello nace con la idea de grabar a bandas de la zona, que estén experimentando cosas, no de editar a las que ya tenían disco. Entonces surge un ciclo que se llama “piezas dedicadas”. Se invitaba a una persona o banda a que arme una pieza musical para presentar en vivo en el taller. Ese día la grabábamos con Depto Records y luego en el Taller de Remedios hacíamos la edición gráfica. A los 5 o 6 meses se presentaba la edición terminada. Ese día tocaba de nuevo y presentaba la pieza número 2. Y así seguía la cadena. En total hicimos siete ediciones, que es un montón porque eran 2 discos por año. Sacábamos tiradas de 100 ejemplares con algunas particularidades, como cartón doblado, caja de pizza, sachet de leche, otro traía pasto. La onda es editar cosas donde uno participe, o sea, si no tenemos participación desde la grabación o desde la gráfica, preferimos no tomarlo. Por ejemplo, el disco de Persona hicimos la gráfica acá y lo coeditamos junto a Monki Albino y Venado Records.

—¿Cuántas bandas hay en el catálogo del sello y en qué soporte editan? 
—Está Capo Choclo, Puré viejo, Sopa de Gaviotas, Persona, La Tumba del Alca, Nomateo, Elcho el que tira los claveles, Carlos Alonso de 1X1, Chuly, tecladista de la Tumba, Matías Morande, una zapada de Lou Bauman, entre otros. Casi todos son en CD-R. Pero detrás del sello y la música está la idea de que el CD ya fue, a pesar de que por ejemplo, La Tumba del Alca y Persona sacan su disco legal y lo replican. Me importa más hacer ese objeto gráfico. Con respecto a la distribución, hacer 1000 copias todas juntas no tiene sentido. Hay como un engaño ahí. Porque son los números que te pide la industria. Si querés hacer 500, te salen casi lo mismo que hacer 1000. En Argentina no hay un mercado para esa cantidad. Si vendiste 300 discos en un año es un montón, ¿y qué haces con los otros 700? Creo que el 70% de la bandas termina teniendo los discos en su casa. Es mucha plata la que se gasta. En cambio, hay otra forma, que es de acuerdo a la necesidad.

—¿De dónde viene esto del hazlo tú mismo? 
—Cuando empecé con esto del noise con Capo Choclo, fue abrir un walkie talkie, meterle los dedos mojados, poder manejar esa materia sonora y ver que desde ahí podía construir algo, me gustó mucho. Desde esos sonidos podes construir una canción. Capo Choclo, Puré Viejo, Matías Morande, Chuly, los discos de Nomateo, tienen su espejo, están en una línea muy experimental o de improvisación. Hazlo tú mismo no ligado a gente que lo milita más, a una línea independiente, de software libre también, con más argumentos. Lo contrapongo a eso, lo manejamos de una manera más plástica, sin tanto sustento teórico.

 —¿Qué cosas tiene que tener una banda para que sea editada por el sello Cabello? 
—Nos tiene que gustar y se tiene que generar un vínculo. Que trabajemos algo en conjunto. Hay casos donde las bandas sacan un disco y nos encanta, pero si no se da el espacio de trabajo juntos, no terminamos participando. En las “piezas dedicadas”, la primera tirada de discos las hacía solo pero después había un momento donde la banda venía y laburábamos juntos en el grabado, el armado. Para otras cuestiones hay otros sellos, no es solo si me gusta o no. Tiene que haber un espacio de trabajo en común en algún momento.

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 “Cuando empecé con esto del noise con Capo Choclo, fue abrir un walkie talkie, meterle los dedos mojados, poder manejar esa materia sonora y ver que desde ahí podía construir algo, me gustó mucho. Desde esos sonidos podes construir una canción”.
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—¿Qué implicancia tiene el taller y el sello Cabello en la organización del festival Antiego? 
—Digamos que lo organiza La Tumba del Alca, el sello y el taller. Ésta va a ser la cuarta edición. Es en las afueras de Escobar, casi llegando al campo, al aire libre, tocan 20 bandas, se arman dos escenarios, una feria larga y buffet. Esto nace porque los pibes de la Tumba en el primer año que se hizo les pintó tocar con todas las bandas que compartieron escenario. La idea es tocar 15 minutos cada uno, todos con el mismo set, los que temas que te alcancen en ese tiempo. El funcionamiento es como el del sello, se mantiene esa cosa de vínculos. 

—¿Y el ciclo Kamikaze? 
—Íbamos a hacer una gira a La Rioja y organizamos una fecha para juntar guita. Ese fue el puntapié del ciclo Kamikaze. La idea es traer la movida acá, que toquen dos bandas de Escobar o alrededores y otras dos de más allá, de lejos. Los primeros se hicieron en un bar y después en Maschwitz, que está a 5 kilómetros, en un centro cultural, un espacio muy copado que recuperaron unos chicos en la misma época del taller. Se llama “colectivo cultural” y era un antiguo cine que estuvo abandonado como 30 o 40 años. Este ciclo se hace cada 3 o 4 meses.

—¿Qué banda te llamó la atención en este tiempo y te gustaría editar? 
—Paso viejo. No sé bien de donde son, si Olivos o Beccar pero me gustan mucho. Por el lado de las canciones, me gusta Miguel López que es un chabón de Mendoza pero que vive en Capital .Hace canciones, toca el bandoneón y le gusta la movida de hacerse sus amplis, sus distorsiones, pedales. Me siento muy cercano, eso de rozar el noise y hacer una canción con un sonido sucio de esos amplis valvulares caseros.

 —¿Qué otros espacios conocés similares al taller? 
—En cuanto a espacio, me dijeron del Estudio Quinto en Burzaco creo, que es una casa que organiza movidas. Por otro lado, están los chicos de Hornero Ediciones que vinieron al taller de grabado acá, son de Garín, y hacen una onda artesanal. Hay una biblioteca en Escobar que ahora se llama “20 de diciembre” y organizaban un ciclo que se llamaba “reciclo de poesía” y habían empezado a editar libritos con cartón, grabados, xilografía. Hornero está haciendo eso ahora. De hecho, presentamos un libro de ellos acá, de Facundo Biaggoni que toca el bajo conmigo en el trío Nomateo. Hay otros proyectos de ediciones de libros o discos caseras, pero sucede que no es tan integral o nace de alguien particular pero después termina muriendo.

—La parte comercial del sello, ¿se da exclusivamente en ferias o tienen otros canales de distribución? 
—Este año salió el disco de Nomateo, el de la Tumba del Alca y el de Los Tenistas, que es otra banda de Escobar. Estuvo buenísimo pero al mismo tiempo intentar que eso no desaparezca, es un laburo. La venta es sobre todo en ferias y muchas de las bandas que editamos no tocan más. Y esos son discos más difíciles de vender. Hay unos chicos que se llaman Que Moderno Ediciones que andan con valijas en ferias y siempre tienen material del sello Cabello. También están las ferias en GBA de Villa Adelina, en el Salón Pueyrredón, que está Lozi Lozano, los chicos de Cuco de La Plata con Caracol Rojo y después por Escobar nos manejamos con esa idea de maletín de discos. Parece que no, pero de esa forma el material está en varios lados.

—¿Cómo ves el contexto cultural y político para llevar adelante estas movidas? 
—Por el lado independiente y autogestionado está bueno, pero cuando te querés meter un poco más legal, cuando querés hacer más visible otra parte de la cultura, ahí ya te corren, te censuran. Por eso no intento ponerme a la par, sino de aceptar que somos más marginales, si se quiere, o que nos movemos más subterráneamente y no entrar en esa. No sé si hay mejores o peores momentos que otros, siempre intentan clausurar centros culturales o cualquiera que quiera hacer circular otra información. También tiene que ver el tipo de movida que haces y en el barrio que estás. Cuando un vecino te denuncia, fuiste (risas).

—¿A dónde aspirás llegar con el sello? 
—Como punto más cercano, intentar mantenerlo, estabilizar la producción de discos, que la misma pueda cubrir los gastos de trabajo. Hoy en día ni el taller ni el sello son autosustentables. Yo tengo otro proyecto más comercial que se llama Viva Raúl, de cerveza artesanal, que me permite sostener un poco la actividad del sello. A largo plazo, me gustaría que más gente se cope, que se forme un equipo estable de trabajo para producir gráfica.

—Mateo, muchas gracias por tu tiempo y dedicación. Si le tendrías que dar un consejo a un joven que se quiere meter en el mundo editorial, de hacer discos, tocar, ¿qué le dirías? 
—Que vaya tranquilo, que se meta de una. Que lo vea desde la parte colectiva para que tenga sustento a largo plazo, para que no dependa de una sola persona. Hacerlo perdurar en el tiempo es otro proyecto y eso es de lo más difícil.-

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Créditos: fotos por Mateo Baggio.
Próximas movidas: Festival Antiego

martes, 27 de septiembre de 2016

Entrevista a Gonzalo Merelle de Los Llanos: “Es una banda donde podemos hacer música libremente”




En mayo de este año lanzaron su primer disco. No sabemos bien cómo nos enteramos de la noticia, pero si sabemos que no nos pasó desapercibido. Luego de varios meses, decidimos contactarnos con Gonzalo Merelle, guitarrista, percusionista y fundador de Los Llanos, proyecto de música instrumental de Buenos Aires, cercano al post rock. Hablamos sobre los inicios de la banda, las influencias, este primer disco, su relación con los fanzines y el anarco punk y hasta nos contó una anécdota muy particular con Fugazi. 

“La banda empezó en 2007 aproximadamente. Yo venía de tocar en una banda hardcore que se llamaba Hyntu, de la cual me fui por cuestiones musicales (N. del R. Anteriormente tocó en Terror y Miseria y Ruido e Ideas). En ese tiempo venía escuchando Mogwai y quise empezar a hacer música por ese lado. Compuse un par de temas con mucho arpegio de guitarras, algunos efectos y junté un par de amigos. Ensayábamos en una sala que se llamaba Palermo Vintage donde trabajaba Alex Tsiftsis. Le gustó lo que estábamos haciendo y se sumó. Después llegó Alejandro Cannuci con el bajo (N. del R. Satan Dealers) y luego Charly (N. del R. Garassino, actualmente también en Los Crónicos y Enero es Tan Cruel) con una guitarra. Más tarde Javi (N. del R. Bonfil, MGB). Ahí comenzamos con Los Llanos”, recuerda Merelle. En cuanto al nombre de la banda, confiesa que “a todos nos reflejaba un paisaje la música que hacíamos. Lo puso Ale Cannuci”.

En cada palabra, Gonzalo deja un surco. Sobre todo a la hora de hablar de Alex, ala fundamental del sonido de Los Llanos de los primeros tiempos, quien falleció en circunstancias poco claras. “Él tocaba en Gallo de Riña, en Star Losers y también hacía música electrónica. Tiene mucho que ver en Los Llanos. Me juntaba a componer con él. Toda la parte noise, rockera la aportaba Alex y yo ponía todo lo climático. Era como la guerra y la paz. Cuando el falleció, ya no estaba en la banda, se había ido solo. Pero por una cuestión de respeto, sacamos sus partes, eso era muy de él. Era único”. Diego Noschese, sonidista de Massacre, actualmente forma parte de Los Llanos en guitarra y sintetizadores.

 —En la cuenta de Facebook, en el “género” de la banda dice “nihilismo”. ¿Hay alguna filosofía o doctrina con la cual se sientan identificados?
—No sé quien lo puso, ¡pero me encanta! Somos anti-todo (risas). Yo en los 90´s estuve en la movida anarco punk, pero como conjunto no tenemos ninguna ideología política. Pero estaría bueno que reine el nihilismo. Personalmente no quiero pertenecer a ningún lado, ninguna escena, ninguna moda. La banda nace desde algo más profundo, desde un grupo de amigos, de fumar mucho, de todo ese mambo. Acá no hay estribillos ni coros ni nada. No me interesa ser comercial. Muchas bandas tienen estructuras, estribillos, luego el solo de guitarra. Algunas hasta tienen coreografías. Siempre quise cortar con toda esa historia. Los Llanos es una banda donde podemos hacer música libremente.

—¿La libertad tiene que ver con hacer música instrumental? 
—Lo que hacemos es instrumental pero capaz que mañana tiene voces. La prioridad está en las guitarras. Tengo ganas que en las próximas canciones la tengan el bajo y la batería, de hacer algo más percusivo. Al disco me encantaría hacerle una versión dub. Si te quedas encerrado en un lugar, te vas a perder de muchas cosas.

—¿Qué bandas les gustan?
—Me gusta mucho Einstürzende Neubauten, mucho punk, Sonic Youth, Mogwai. Alejandro viene más del palo rockero, de bandas como Turbonegro. Los chicos también escuchan Sountrack of our lives, Manic Street Peachers. Yo hace años que escucho reggae y dub jamaiquino de los 70´s y creo que algo de eso viene en Los Llanos. De acá nos gustan ELHOMBREANORMAL, los Fusibles, Satan Dealers, Los Crónicos, Late Night Condition.

—Aparte de la música, ¿hay otras cosas que los influencian? 
—Puede ser, yo leía mucho a Charles Bukowski , también sobre anarquismo. También me gusta mucho el dadaísmo, el arte. Al principio, cuando éramos más ruidosos, más noise, lo veía muy dadaísta.

—Este año sacaron su primer disco. Cómo lo grabaron, quiénes trabajaron y cuáles son las sensaciones que dejó… 
—Lo grabamos en 2014 en San Miguel, con Diego Nochese en el estudio Anarf. Lo produjo Santi de Taura (N. del R. Santiago García Ferro) y decidimos ponerlo en internet para que la gente lo pueda escuchar. En cualquier momento va a salir físicamente, no sabemos si por algún sello o lo vamos a hacer nosotros mismos. A mí me gustó como quedó, está grabado por nosotros con mucha humildad. Lo valoro mucho.

—¿A qué remiten los nombres de los temas? 
—Hay un tema que se llama “Conexión” porque era una conexión entre nosotros. Salía solo. Hay otro que se llama “Acuario” porque cuando tocaba la guitarra me sentía entre peces, no sé porqué. Pero no es que nos sentamos a ponerle nombres. Salieron muy naturales.

—¿El arte de tapa tiene algún significado? 
—Lo hizo un amigo, Francisco Cuello (N. del R. baterista de ELHOMBREANORMAL) fue una ocurrencia de él, capaz escuchando el disco. La música y el arte tienen mucho que ver. No tiene ningún significado especial. Como el dadaísmo, tiene que ver con la imaginación de uno mismo. Imaginarte lo que quieras.

—Off the record, me contabas que hacías un fanzine en los 90´s. Cómo se llamaba y de qué trataba…
—Se llamaba Disahogo, lo empecé a hacer con un amigo, el “Gato”, un punk de la época. Saqué hasta el numero 7 y hablaba mucho de anarco punk, entrevistas a bandas, dadaísmo, marihuana. Nos escribíamos mucho por correo, antes tardaba hasta 3 meses para hacer el fanzine porque tenía que esperar un sobre. Era más político.

—¿Tenés alguna anécdota de esa época que quieras compartir? 
—¡Si! Estábamos con dos amigos por la calle y pasamos por un lugar que se llamaba Super Club. ¿Quién tocaba? Fugazi. Nos gustaba pero lo veíamos como desde otro lado, no le dimos mucha bola. El show ya había terminado, andábamos por la zona y volvimos al lugar. De repente salen los músicos caminando, que no sabíamos bien quienes eran y un amigo le dice “¿me das agua?”. Entonces uno de los Fugazi tira el agua al piso y hubo un entredicho. Eran Ian Mackaye y los otros, que estaban con dos organizadores. Cuando se fueron nos agarramos a los piedrazos (risas).

—Gracias Gonzalo por la buena onda, vamos con la útima. ¿Qué creés que va a decir la lápida de Los Llanos cuando no existan más? 
— “Gracias hermanos”. Me viene una sensación linda, como que los quiero. No toco porque no me queda otra o porque necesito ser alguien o mostrarme. Toco porque quiero a mis amigos. Cuando me hablaste del nihilismo, no me hago cargo de eso, pero capaz lo siento. ¡Bless!- …………………………………………………………………………………….
Créditos:
Foto #1: Maxi Posse.
Foto #2: archivo de la banda.

sábado, 6 de agosto de 2016

Subcultura Radio #002

Música + palabras:
Rage Against the Machine - Settle for nothing
Los Crudos - Somos peligrosos / Crudo soy
Eterna Inocencia - Hazlo tú mismo
Fun People - B.O.A.O
Restos fósiles - La máquina de perder
Loquero - Estamos cansados
Fugazi - Instrument

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lunes, 25 de julio de 2016

Subcultura Radio #001

Música + palabras:
Antimatter - Can of Worms
Massive Attack - Ritual Spirit
Fennesz - Rivers of Sand
Bjork - Stonemilker
Radiohead - Daydreaming

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lunes, 4 de julio de 2016

Entrevista a Francisco Badano de Venado Records: Autogestión, riesgo y amor por el desierto


En un nuevo ciclo de entrevistas a sellos y productores locales, rompemos el hielo con uno de los más interesantes dentro de la escena stoner rock/doom/drone. Vienen del desierto neuquino pero habitan en la babilonia porteña. Hablamos con su principal referente, Francisco Badano, quien nos tiró data muy interesante desde la cocina del Venado: cómo es el proceso para traer bandas internacionales, cómo es armar un ciclo de música en Buenos Aires, qué bandas piensan traer, cuál es la actualidad de Bhutan y Mondo Dromo, qué discos le cambiaron la vida y hasta dio unos consejos para jóvenes inquietos y melómanos que quieran formar su propio proyecto. Leer sin distracción.




—Me gustaría comenzar hablando de los inicios de Venado Records... 
—Venado Records nace en Neuquén, aproximadamente en el verano del 2009, de la unión de 3 bandas amigas, conocidas y afines musicalmente con el objetivo de poder hacer algo más grande, unir esfuerzos, convocar más público y lograr una mayor visibilidad. De estas bandas, 2 ya no existen más, Ruta del Desierto y Amorfuss, y una sigue firme defendiendo el rock desértico en Neuquén, que son los Volva. Todos los que arrancamos Venado Records somos de Neuquén, y los quedamos hoy también. Algunos nos conocemos y somos amigos desde hace más de 15 años, y con otros nos conocimos en esta época. Esta idea inicial ha ido mutando con el tiempo, por ejemplo, hoy en día, la actividad de sello discográfico está bastante restringida a algunas pocas bandas y estamos trabajando más en recitales, festivales y producciones.

—La mayoría desconocemos cuál es el proceso o circuito que luego termina en un show internacional en Buenos Aires. ¿Cómo se gesta? ¿Les ofrecen bandas? ¿Contactan sólo a las que les gustan? 
—Puede ser de cualquier de esas maneras que decís, no hay un patrón fijo necesariamente. La primera banda que trajimos de afuera fue Truckfighters (Suecia) en 2012. Supimos que iban a girar por Brasil y nos contactamos para ofrecerles un show en Buenos Aires y aceptaron. Así comenzó nuestra vida en esto de los shows internacionales. Una vez que entrás en el circuito sucede que otros promotores te ofrecen bandas, se corre un boca en boca de que sos productor, y/ o tenés ya cierta experiencia o currículum para ofrecerles shows o giras a bandas que uno quisiera traer. Es un laburo muy desgastante igual, frustrante muchas veces y complicado casi siempre pero cuando todo sale tal como fue planeado, la alegría es inmensa.

—Muchos de esos shows internacionales caen lunes, martes o miércoles para nosotros, días laborables. ¿Cuál es la causa? 
—Eso tiene que ver con que generalmente los shows internacionales acá, como en casi todos lados entiendo, se dan en el marco de una gira, y tener días libres en el medio es muy costoso tanto como para la banda como para el productor del show. A veces tenemos la suerte de que sea un jueves, viernes, sábado o domingo, otras veces caen en los otros días. El éxito o no depende, creo yo, más de la banda o la propuesta, que del día en que sea el show, que yo lo veo como algo secundario. Si no me equivoco, Napalm Death llenó Uniclub un martes, Dream Theater en el Luna Park también debe haber ido bien, y así. Por ahí tenés un show de una banda menos conocida un sábado, y sumado a la oferta de eventos de un sábado cualquiera, termina siendo contraproducente haberlo hecho ese día, y un miércoles le iba mejor. La producción de recitales internacionales es una apuesta, un negocio, puede salir bien o puede salir mal, y siempre con el diario del lunes todos somos expertos, pero la real sapiencia está en saber leer bien el panorama.

—Hay toda una gran discusión por el tema del precio de las entradas, los campos VIP, entre otros. ¿Cuál es tu postura frente a esto? 
—La verdad no estoy muy al tanto del tema del campo VIP, nunca compré una de esas entradas. Podría pensar que es una forma de que los grandes productores de shows masivos hagan una mayor diferencia económica. O quizás los costos lo requieren, no quisiera hablar de algo que no conozco en detalle. Luego en relación al precio de las entradas, y si, hoy y siempre creo que hay quejas, pero la realidad es que uno no puede dejarse llevar por opiniones o comentarios totalmente despojados de responsabilidad como los son por las redes sociales, donde uno dice cualquier cosa y no importa nada. Yo creo que el público que se queja por el precio, o lo dice desde la bronca por no tener para pagar, cosa que nos pasa a todos, o lo dice porque desconoce completamente como funciona esto, por lo tanto no tiene idea de los costos, riesgos y trabajo involucrado. También, me atrevo a decir que en general, sólo el cachet de la banda se lleva aproximadamente el 50% de la recaudación total, siempre y cuando hayas vendido la cantidad de entradas que planeaste. Si te quedaste corto, ese porcentaje que ocupa el cachet crece cada vez más. Lamentablemente no se puede hacer beneficencia, el precio de la entrada es directamente proporcional a los costos involucrados, y si bien uno hace esto porque le gusta, perder plata no es una opción, porque la vez que vaya mal en serio te deja fuera para siempre capaz, puede generar un daño muy grande en pequeños productores independientes.


“La producción de recitales internacionales es una apuesta, un negocio, puede salir bien o puede salir mal, y siempre con el diario del lunes todos somos expertos, pero la real sapiencia está en saber leer bien el panorama”



—¿Qué bandas ya están confirmadas y cuáles planean traer este año? 
—Por ahora solo tenemos confirmado a Deafheaven el sábado 9 de julio en Uniclub, banda proveniente de Estados Unidos. Son una de las bandas más destacadas de la escena metalera de los últimos años, porque tienen un sonido bastante original que ellos denominan “blackgaze”, una mezcla entre black metal, post metal y shoegaze. Sus shows en vivo son bestiales, transitan por muchos climas y estamos muy ansiosos que llegue el día. Es una apuesta para nosotros también, en el sentido que es la primera vez que traemos una banda directamente relacionada con el metal. Previamente nos movimos más por las arenas del stoner rock y el drone. También en octubre tendremos por primera vez en Argentina a The Ocean Collective, una de las principales bandas de la nueva movida del post metal europeo. Será en The Roxy Live en una coproducción con Noiseground.

—Hace un tiempo organizaban el ciclo Venado, que se caracterizaba por la gran calidad de bandas underground que participaban. ¿Cuán difícil es sostener un ciclo de música en Buenos Aires? 
—Son varios factores los que influyen. Desde el lugar, el día de la semana o la fecha en concreto, hasta el público que viene a los shows. Yo creo que si se logra conseguir semana a semana o mes a mes, la gente necesaria para sostener un ciclo, el resto de las cuestiones influyen menos. En esencial también tener un lugar para hacerlo que sea accesible, que trabaje a la par con uno como productor, cosa de no terminar uno trabajando gratis para el lugar, o hasta pagándole si la cosa no fue bien. Creo que son pocos los ciclos que se logran sostener en el tiempo, y para hacerlo seguro superaron muchas dificultades. En Buenos Aires hay muchísima oferta de recitales y ciclos, muchísima oferta de bandas, y muy pocos lugares para tocar, lo cual pone a los lugares en una situación de poder frente al productor o las bandas, ya que pueden elegir que eventos tomar y cuáles no, a la vez como tener la necesidad de programar con mucha anterioridad para conseguir fechas disponibles. Créase o no, con el Ciclo Venado nos fijamos mucho en la calidad de las bandas, las grillas de cada uno fueron cuidadosamente curadas, y así todo el público no acompañó lo necesario. Creo igual que colaboramos con las bandas y la escena en general, ya que el ciclo si tuvo bastante más visibilidad que público que pagó la entrada, muchas bandas se contactaron con nosotros para tocar, ayudamos o dimos pie a muchos ciclos que están activos hoy y dejamos bastante registros para la posteridad en fotos, crónicas, y grabaciones en vivo y videos que pueden escucharse y verse en nuestro Soundcloud y nuestro canal de YouTube.

—En 2016, ¿las bandas siguen pagando para tocar? 
—Si, seguramente. No creo que en la escena del stoner o metal, pero si en otros círculos o en lugares fuera de la ciudad de Buenos Aires. Acá creo que ya hay conciencia, pero sin duda hay muchas bandas que siguen pagando, sobre todo bandas nuevas, o bandas que no tienen una “escena” específica donde tocar y moverse con otras bandas de estilo similar, bandas que están solas, podría decirse. De vuelta, mucha oferta de bandas, poca oferta de lugares para tocar, falta de apoyo estatal para generar espacios, violencia estatal para con lugares que ofrecen espacios bajo arreglos y condiciones accesibles. Todo esto y más genera esta situación injusta para las bandas.

El sello 

—Hay una gran cantidad de sellos independientes en la actualidad. ¿Por qué crees que se da este fenómeno? ¿Cuán diferentes son con respecto a los más grandes? ¿Qué tienen de distinto para ofrecer? 
—Creo que desde hace tiempo que internet ha permitido que todo tenga más visibilidad, a la vez de darle coraje a la gente a hacer ciertas cosas que quisiera, dado que pueden ver casos de apariencia exitosa por todos lados. Creo que somos muchos los que tuvimos o tenemos el sueño de tener un sello discográfico, y hoy los medios para encararlo están más al alcance. Incluso hubo un programa estatal durante los últimos años del gobierno nacional anterior que capacitaba y apoyaba a sellos independientes, o sellos de gestión colectiva como los llamaban, incluso editaron una guía con información sobre los aspectos relevantes. Tengo entendido que al menos por ahora, este gobierno no lo continuó. Una lástima. Las diferencia con los sellos grandes son todas las posibles creo yo (risas). Principalmente contamos con menos presupuesto, por lo que en general es el artista quien financia la grabación de sus obras, y a veces incluso la edición también. También se ofrece más colaboración en el desarrollo de la idea propia que la imposición, dado por ejemplo que la mentalidad de un sello grande es: Yo te pago la grabación, yo te pago la edición, por lo tanto el disco es mío, tanto en sus derechos como hasta en lo que podes incluir o no en el audio y en el arte del mismo. Los sellos más chicos en general llegan hasta la edición del disco, quedándose con la editorial del mismo y ciertos derechos limitados sobre las obras. De alguna manera tienen que subsistir, y el artista debe entenderlo así también. Como algo distinto para ofrecer, diría que principalmente ofrecen libertad, y opciones y espacios acordes a bandas más chicas, no creo que un sello independiente pudiese lanzar un disco de Divididos, por decir una banda consagrada. Los costos en grabación, marketing, publicidad, etc. de una banda así, son inalcanzables.

—Frente al dilema calidad artística / rentabilidad de un sello, productora, banda, ¿Cuánto se planifica una edición, un show, tirada, merchandising? 
—Y cada caso se trata de manera particular, no hay dos situaciones iguales. En general, todo se planifica bastante, lo más posible de hecho para poder controlar la mayor cantidad de variables. Analizamos cada caso o propuesta de manera muy concreta y vemos si tiene sentido hacerlo o no. No solo sentido económico, también puede pasar por otro lado. Pero la economía y las finanzas son una realidad, a veces se tiene, a veces no, a veces se puede, a veces no. Como te decía antes, planeamos y analizamos todo lo más posible, ya que en nuestra situación, un golpe puede llegar a ser mortal. Las ediciones o el merchandising, son cosas que tenés que hacer, pero sucede a veces las ventas no acompañan, y te quedas con muchísimo stock acumulado difícil de vender, es dinero que invertiste y no vuelve. Por eso cada vez estamos siendo más cuidadosos en qué invertimos y qué dejamos pasar, a veces es mejor tener menos para ocuparse mejor de ello, que tener muchas bandas y shows y no poder darles el trabajo que necesitan. Sobre todo en nuestro caso que también, lamentablemente, tenemos otros trabajos. Venado Records hoy en día no nos da de comer a ninguno, y nos faltan varios escalones en el camino de la profesionalización para llegar a estar donde quisiéramos estar. El tiempo dirá si podremos alcanzar ese punto, siempre y cuando la realidad y la urgencia diaria no nos tape demasiado.

“En Buenos Aires hay muchísima oferta de recitales y ciclos, muchísima oferta de bandas, y muy pocos lugares para tocar, lo cual pone a esos lugares en una situación de poder frente al productor o las bandas, ya que pueden elegir qué eventos tomar y cuáles no”



—Además del sello y la productora, ustedes tocan en dos bandas, Bhutan y Mondo Dromo. ¿Cuál es la actualidad de cada una? 
—Con las dos bandas estamos justo en momentos cruciales. Con Bhutan ya recibimos el master finalizado de nuestro segundo disco, llamado Vexations, por lo que la salida del mismo es inminente. Tenemos que terminar el arte nomás. Y con Mondo Dromo también, en diciembre grabamos nuestro primer disco en cinta en el estudio El Attic, y estamos terminando unos detalles y el disco ya tendría que estar por salir. Ambas bandas están activas y tocando. Con Bhutan de hecho vamos a abrir el show de Deafheaven el próximo 9 de Julio en Uniclub.

—Hace unos años hicieron un registro documental que se llama “Sesión en el Templo”, bandas del sello tocando en una casa, ¿cómo surgió y cuál fue la idea principal de ese material? ¿Qué repercusión tuvo? 
—Sí, esa producción fue un gran logro del cual estamos muy orgullosos, y las ganas de repertirla son inmensas. Estamos esperando poder tener las condiciones como para hacerlo. No recuerdo exactamente cómo surgió, o quién lo propuso, pero la idea fue registrar en vivo a estas 3 bandas que iniciaron el sello: Amorfuss, Ruta del Desierto y Volva. Esta última no pudo participar, pero en reemplazo estuvo Montaña Sagrada, que es la base rítmica de Volva junto a Andrés Gargiulo (N. de R. de Amorfuss en ese momento, hoy en Bhutan y Mondo Dromo). La respuesta de la gente fue muy buena, el material suena muy bien, se filmó en HD, está bien editado, fluye de manera muy agradable y es un gran registro. Se filmó en un solo día desde las 3 de la tarde hasta alrededor de las 7 de la mañana. Comienza con Ruta del Desierto tocando en una habitación durante la tarde, luego Amorfuss en el living de El Templo, sigue con un mini set drone de Fiend, (N. de R. Martín Tarifeño, hoy miembro de Bhutan y Mondo Dromo), a la luz de las estrellas durante la madrugada y cierra con Montaña Sagrada tocando en el jardín desértico de la casa al amanecer. Un éxito por donde se lo mire.

 El futuro 

—¿Cuál creés que es el futuro de las productoras, sellos y la música en general en relación a las nuevas herramientas tecnológicas?
—Esta es una pregunta un tanto amplia, no sabría decirte qué es lo que viene en materia de tecnología, todo sucede muy rápido. Ni siquiera los grandes innovadores o proveedores de tecnología creo que saben que va a suceder de acá a 5 años. Hay cosas hoy que eran impensadas hasta hace muy poco tiempo. Pero creo que o se va a continuar con la democratización y el alcance global de todo tipo de herramientas, con el riesgo de una saturación aún mayor, o se va a ir al extremo opuesto, donde no quede aspecto sin regulación, registro, registración y control por parte de las grandes corporaciones. Incluso, hoy en día lo libre y gratuito en general, no se paga con dinero pero si se paga con acceso a tus formas de consumo, con acceso a tu información que antes era privada, lo pagamos sin darnos cuenta en cada publicidad cuidadosamente elegida por algoritmos que nos muestra internet, y así. La creación musical supongo seguirá igual, quizás sufran más los sellos chicos e independientes que deben aceptar y entender los cambios antes que ser quienes los imponen. De cualquier manera espero que la tecnología nos ayude a facilitar las cosas y que no sea un arma de doble filo, por nuestro futuro y los queden aquí cuando ya no estemos.

—¿Qué bandas locales que has visto y escuchado en este tiempo te parece que tienen un futuro prometedor? 
—Habiendo tantas bandas creo que son muchas las que les espera un buen futuro, siempre y cuando se mantengan con el compromiso de seguir laburando como vienen haciéndolo. Dentro de Venado Records, creo que Las Huacas tienen un gran futuro por delante, siempre que sigan como ahora. Son chicos muy muy jóvenes que no tienen nada que envidiarle a bandas más grandes o establecidas, están re mil equipados, tienen su sonido y saben lo que quieren. Por fuera, le pongo fichas a Montaña Eléctrica, banda psicodélica relativamente nueva del sello Fauna Records pero con miembros que viene remando hace mucho. Están generando una movida interesante con mucho apoyo del público. Yendo más arriba, me gustaría mucho que bandas como Humo del Cairo o Dragonauta sigan creciendo y logren proyección internacional. Creo que tienen todo para conseguirlo, dependerá de ellos. Y bueno, también espero lo mismo para Bhutan y Mondo Dromo.

—Hablando de bandas y discos, ¿cuál te cambió la vida? 
—Qué pregunta. Supongo que varios discos en diferentes momentos de la vida. Pero si hay que elegir uno, creo que el click en mi cabeza se dio cuando descubrí The Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Sonará cliché, pero ese fue el disco que me abrió la cabeza, que me hizo dar cuenta que la música y el sonido eran mucho, pero mucho más que la escuela punk rock en la que andaba cuando era adolescente. A esto sumaría Led Zeppelin, Faith No More, Queens of the Stone Age, Earth y mi gran amor de mi época punk, Bad Religion, y seguramente me olvido de alguno.

—¿Cómo imaginás a Venado en 10 años? 
—Ojalá en 10 años estemos ya profesionalizados en tanto como sello discográfico, espero que podamos tener un catálogo mayor, con real gestión e influencia en el desarrollo de las bandas y proyectos, espero que podamos producir más y mejores shows o festivales, que podamos aumentar el público que nos sigue y brindarle propuestas de calidad, y que estemos plenamente integrados a la actualidad tecnológica y sus medios y modos de comunicación, con el objetivo de cerrar la brecha que nos separa del público más joven.

—¿Podrías darle algún consejo a quienes quieran iniciar un sello, productora o banda? 
—Aconsejaría definir bien qué es lo que uno quiere hacer, o a dónde quiere llegar. Apuntar a ese objetivo y obsesionarse con él, que sea su ocupación y preocupación la mayor cantidad de tiempo posible, que le dediquen todo como si no importase nada más, que no se dejen caer por los tropiezos, frustraciones o fracasos, y sigan adelante frente a todo. Que le pongan ganas y compromiso, que sean honestos y avancen sin cagar a nadie, que no escuchen a nadie que les diga que no va a funcionar, nadie probó todas las maneras de hacer cada cosa. Que sean creativos, inteligentes, conscientes y responsables y que no miren para atrás excepto para aprender de las experiencias pasadas. A nosotros nos pasó de todo, perdimos plata, fuimos estafados, laburamos al pedo, se cayeron cosas casi cerradas, cometimos errores, y así y todo en el momento más bajo surge algo nuevo, y las ganas, la fe, la emoción y la ansiedad por concretarlo vuelven a aparecer como si nada malo hubiese pasado antes. Somos expertos en frustraciones, pero acá seguimos firmes.

—Gracias por el tiempo y la buena onda, ¿te gustaría dejar algún mensaje en especial para los lectores? 
—Creo que ya dijimos bastante, otro gracias muy grande para vos por darnos espacio para difundir nuestro trabajo, y repetiría lo mismo que en la pregunta anterior, no se rindan, el que se rinde pierde y la única opción es ganar.—
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Créditos:
Foto #1 y #2: archivo del sello.
Foto #3: Gimena Cuenca.

lunes, 27 de junio de 2016

Entrevista a ELHOMBREANORMAL: Sensaciones emosónicas



Conurbano bonaerense. San Miguel. Una casa. Allí viven, ensayan, trabajan, crean, tocan en vivo y respiran autogestión. Tres bandas instrumentales, un puñado de asistentes y un frío inmovilizador reunidos en el marco de la sesiones “Atardecer en la terraza” son la postal de una tarde de otoño casi invernal. En su casa, ELHOMBREANORMAL iba a tocar su nuevo trabajo aún inédito de punta a punta para sus amigos. Fue la excusa perfecta para charlar con ellos sobre su arte, sus inicios, su primer trabajo discográfico, las referencias musicales y sus próximos planes.



“Esta es la tercera formación, al principio éramos tres, como ahora, pero con otro baterista y bajista. Luego se sumó un tecladista y eso duró como dos años. Después, al mismo tiempo se fueron el batero y el bajista y entraron el Colo (Francisco Cuello, batería) y Dardo (Darío de Luca, bajo). Como cuarteto estuvimos juntos 2 años. Ahora volvimos a ser un trío”, cuenta Sebastián Nieva, guitarrista y fundador de la banda.

—¿Cuál fue la idea musical que los juntó? 
—S: Al principio usábamos palabras como sónicos, porque si bien lo que hacemos ahora es lo que se dice post rock, para nosotros no sé si es tan así, por más que sea instrumental. Antes era más grunge, había pocas voces, rozaba el rock alternativo, medio noventoso. Luego fue mutando y quedó así como estamos ahora.

—El año pasado sacaron su primer disco y lleva el nombre de la banda. ¿Se escribe así todo junto? 
—S: En algún momento, me jodía un poco el nombre, la verdad no sé bien por qué. Bah, si, ¿sabés por qué? Había un tema de Massacre que se llamaba “El hombre normal” y alguno siempre me hacia alguna referencia y me hinchaba las guindas porque no tiene nada que ver con eso. Y si, se escribe todo junto.

—Me gustaría que hablemos de la edición, el sello, el arte. ¿Quedaron conformes con el resultado? 
—D: En ese tiempo éramos un grupo amigos/cooperativa/sello/banda con Juan Espínola de Alboradas (N. del R. Sello local), que todavía sigue siendo un amigo…
—S: Éramos parte de su sello, pero ahora no trabajamos más juntos. Tiene ganas de hacer otra cosa, todo tiene un proceso, una madurez. Todo tiene un ciclo y terminó todo bien. El disco está buenísimo y suena bien, pero desde que salió no lo volví a escuchar y podría haber estado mejor. Si nos ponemos en quisquillosos, siempre pueden estar mejor las cosas. Pero tiene ese gustito de que hicimos lo que quisimos, los temas son tal cual como salieron de la sala, con muchos shows encima, estaban muy curtidos y estamos orgullosos a full.
—F: Todo es un aprendizaje. Fue el primero.

—No puedo evitar preguntarles por las referencias musicales, porque cada vez que los escucho me remiten a bandas como Mogwai y Low. 
—S: Siempre decimos que para tocar en ELHOMBREANORMAL te tiene que gustar American Football, aunque los temas no sean de esa onda.
—F: Menos Seba que ya venía con el grupo, Dardo y yo veníamos de palos distintos, yo más del hard rock y nos cerró por todos lados tocar esta música. Particularmente, es lo que hoy quiero tocar.
—D: A mí me pasó de encontrar gente que tenía el mismo estado de ánimo que yo. Eso hizo que nos juntemos. Fluyó, tocamos y lo del género… es relativo, creo.
—S: Que seamos instrumentales es algo que va a durar bastante. Eso no quiere decir que seamos post rock, aunque musical y técnicamente sí es el estilo. Capaz que te digo que somos una banda emo. Tal vez con otra formación sí nos sentíamos más post rockeros, como en el disco. Con respecto a la referencias, nos gustan mucho las bandas de nuestros amigos, como 451, que son grosos mal, y eso que me decías con referencia a Low, ese es el estilo. Me gusta Codeine, Explosions in the Sky, The Cure, que son como la biblia, Pixies, Sonic Youth.

—Muchas bandas que no consiguen el cantante adecuado se vuelcan a hacer música instrumental, ¿es el caso de ustedes? 
—S: No, porque si apareciera un amigo cantante, armaríamos otra banda.
—F: Es relativo, porque nunca se nos presentó un chabón onda “yo sé cantar”.
—S: Pero si nos decían “che, ¿no les falta un cantante?”, no, no nos falta. “¿No son muy lentos los temas?”, y ¿por qué tiene que ser más rápidos?
—D: Nos gusta tocar, que suenen las cosas.
—S: Somos fierreros.

La música es un mensaje de las profundidades del alma, por eso, hay grupos que buscan darle un contenido que se refleje en su arte. En ELHOMBREANORMAL parece que la melancolía es el principal vehículo; “si estoy de buen humor a veces no tengo ganas de tocar, te sentás con la guitarra y no pasa nada pero si capaz tuviste una pálida, sale un tema”, dispara el guitarrista. “El mensaje se lo crea uno mismo, vos podés flashar una cosa, él otra y así”, dice Francisco.

—¿Cómo viene el próximo disco?
—S: Seis tracks, va a ser como un EP largo, más de 40 minutos, los temas ya están pero es muy pronto para hablar de nombres Si se puede, lo vamos a grabar en nuestra sala.
—F: Yo me encargo de la gráfica, hice la tapa del primer disco. Para el segundo, estaría bueno desligarme, que la haga otro, que lo mire con otros ojos.

"Que seamos instrumentales es algo 
que va a durar bastante" Sebastián Nieva.



En estos últimos tiempos, la clausura temporal y permanente de centros culturales y lugares destinados a la música en vivo ha sido una constante. Espacios como Salón Pueyrredon, GBA de Villa Adelina, Pura Vida de La Plata, entre otros, fueron el blanco del poder de turno. “Hay lugares que están buenísimos —opina Darío —se hacen cosas copadas y vos te podés expresar ahí, y lo cierran porque el sistema así lo quiere…es como una época oscura”. “Son lugares que están en buena forma, que hay micrófonos, sistema de sonido, un lugar cálido, como GBA que es nuestra casa. Es malísimo lo que está pasando, en Pura Vida te trataban re bien”, dice Sebastián. (N. del R. Al cierre de esta edición, Pura Vida y GBA se encuentran recientemente habilitados).

Ian Mackaye, ícono ineludible del punk —con nombres obligatorios como Minor Threat, Fugazi y Dischord Records— decía que no solamente en los bares se podía organizar un show, sino también en bibliotecas, casas, escuelas, entre otras. Estas viejas-nuevas alternativas parecen seguir vigentes en los tiempos que corren. “Íbamos a tocar en la Universidad General Sarmiento, estábamos re felices flashando tocar en una universidad como Fugazi, pero llovió y no pudimos —comenta Sebastián y luego agrega— Los primeros recitales eran en el garage de Juan Espínola, después se dejó de hacer y hoy lo estamos haciendo de nuevo, en casa”. “Somos un grupo grande de amigos, es la segunda vez que lo hacemos” y “la idea de tocar en la terraza es seguir juntándonos, no nos van a ganar, creemos mucho en la autogestión”, dicen Francisco y Darío.

—¿Cuáles son las aspiraciones de la banda? ¿Les gustaría vivir de la música? 
—S: No importa si tocamos en la vereda, en un estadio con mil personas o para nuestros amigos y novias. Nosotros llevamos nuestras cosas, nuestra ambición es sonar siempre bien y mejor, en cualquier lado, con o sin sonido, y sacar siempre muchos discos. Tocar en vivo quizás es secundario en este momento.
—F: El año pasado fueron muchas fechas y creo que nos quemamos la cabeza, hubo roces, cansancio. —S: Cada vez que tocamos queremos que suene increíble y que la banda siga existiendo. No importa si un día somos cinco o tres o seis. Estaría buenísimo que nos paguen por tocar la guitarra pero a la vez somos realistas. Nos pagamos las cuerdas, el remis, el bondi con nuestros trabajos. Vamos a tocar poco este año, pero sí o sí tiene que estar el disco grabado. En julio tenemos tres fechas confirmadas (N. del R. ver pie de entrevista).

—Les propongo que elijan un disco cada uno, que confluyan en la música de ELHOMBREANORMAL...
—F: “TNT” de Tortoise.
—S: “Disintegration” de The Cure, “In Casino Out” de At the Drive-In.
—D: El EP de American Football, At the Drive-In “Acrobatic Tenement”.

—Gracias por el tiempo y la onda, ¿les gustaría dejar algún mensaje final?
—S: Que nos vengan a ver, que nos escuchen, que están buenos los temas, que se van a sentir cómodos…o incómodos (risas).-

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Próximas fechas:
01/07 @ Zorba Rock – Jose C. Paz.
23/07 @ Espacio para los árboles – Almagro.
28/07 @ Detroit Club – Morón.

Creditos: 
Foto #1: Archivo de la banda.
Foto #2: Melina Franco.

lunes, 21 de marzo de 2016

Entrevista a Daniel Libedinsky de Dragonauta: Rituales necrocósmicos del caos


Luego de casi 9 años, volvimos a contactarnos con Daniel Libedinsky, guitarrista y fundador de Dragonauta, para hablar de la nueva etapa de la banda, los cambios de integrantes, la actividad en vivo, el nuevo disco, entre otras cosas.



Pasaron muchos años de nuestra primera entrevista y en todo este tiempo, hubo varios cambios en la alineación de Dragonauta. Los últimos fueron las salidas de José “Topo” Armetta y Ariel Solito, cantante/bajista y baterista respectivamente. Sin entrar en detalles, Libedinsky dijo que “Ambos se fueron por algunas diferencias musicales, de trabajo y de objetivos, no mucho más que eso”. Sabemos que las relaciones humanas no son para nada simples, pero queríamos saber cómo se lo tomaba, siendo único miembro original, si lo consideraba como algo natural o no y cómo afectaba la trayectoria de la banda, “Es algo natural y dinámico, como toda relación entre personas”. Por otro lado, agregó que “En el caso de la banda, creo que terminó afectando positivamente, con cada cambio nos adaptamos y eso conlleva toda una exploración musical para adecuarse a las nuevas formaciones”.

En relación a esto, en algún concierto del año pasado, Federico Wolman, ex cantante, tocó con la banda nuevamente, lo cual pareció que estuvo latente la idea de una vuelta a Dragonauta ante la partida de Armetta. “Si, de hecho lo hablamos”, nos confirmó. Además dejó la puerta abierta al decir que “De cualquier forma, de alguna manera él siempre está en el espíritu de la banda y puede aparecer en cualquier momento”. Sobre los nuevos miembros, Daniel nos contó que son Leo Hellgross en batería, quien tocó en bandas como Sadden, Babas del diablo, entre otras y el ex Dead Rooster, Lucien Kurgan en bajo y voz. “Los dos trabajan muy bien, muy duro, tienen gran técnica y conocen el estilo”, afirmó.

Con respecto a la actividad de la banda, por un lado, suponemos que cada uno de sus integrantes mantiene otras diferentes por fuera de ella, dedicándole tiempo a sus respectivos trabajos, familias, entre otras. Por otro, que no debe ser fácil mantener una banda activa durante tanto tiempo y más teniendo en cuenta que el estilo que practican no es para nada comercial, pero conociendo de su trayectoria, convocatoria y la expectativa que generan, queríamos saber si se plantearon la posibilidad de dedicarse a Dragonauta a tiempo completo o, como sucede en muchas bandas, si prefieren focalizarse como un proyecto de tiempos marginales, “Tal como están dadas las condiciones actuales no nos dedicamos tiempo completo, tampoco creemos que haga falta, ya que siempre lo encaramos con toda la seriedad y tiempo posible, para que el resultado siga siendo bueno”.

A lo largo de los años, Dragonauta ha tocado con muchas bandas, de estilos disímiles en algunos casos, como aquella vez con Napalm Death. A contramano de varias de ellas, que por distintas razones buscan pertenecer a tal o cual movida, a Dragonauta parece que nunca le importaron las escenas, “Sólo hacemos la música que tenemos ganas de hacer, en el momento que nos parece, no nos ponemos a pensar en nada con respecto a movidas”. El guitarrista dejó en claro que “No nos interesa formar parte de ninguna escena ni movida en particular”.

NO NOS INTERESA FORMAR PARTE
DE NINGUNA ESCENA NI MOVIDA 
EN PARTICULAR”.


Se van a cumplir 3 años de “Omega Pentagram”, su último disco y los rumores sobre un inminente nuevo material, parecen confirmarse: “Estamos trabajando en eso, hay varias canciones, es como ´Tales from topographic oceans´ pasado por un filtro de Black metal, pero no te puedo adelantar nada, porque hoy pensamos los temas de una manera y tal vez la semana que viene cambiamos”. Por otro lado, Daniel nos contó sobre las bandas que últimamente suenan en el bunker de la banda, “Tal vez algo de Black metal, como Enslaved u Oranssi Pazuzu” y qué opinión le merece With the Dead, el nuevo proyecto de Lee Dorrian, ex Napalm Death y Cathedral, “Es como Ramesses con la voz de Lee, calculo que cualquier cosa que haga Dorrian va a estar bien”. 

—Hace un tiempo, Dragonauta hacía sus "Misas Negras" y tocaba bastante seguido. Ahora, los “Rituales Necrocósmicos”, ¿tendrán la misma suerte? ¿Podremos verlos por fuera de C.A.B.A? 
—No tengo la menor idea de que suerte correremos, por ahora va muy bien. En cuanto a las fechas fuera de C.A.B.A, si el ofrecimiento está a la altura de la banda, seguro aceptaremos. 

—Recientemente, se confirmó que Dragonauta estará tocando con los suecos Candlemass el 19 de abril en The Roxy Live, ¿recordás cómo los conociste musicalmente? ¿Qué expectativas tienen?
—Escucho Candlemass hace mucho, ya ni me acuerdo, creo que con Trouble son las dos bandas más importantes de la escena. Las expectativas son las de siempre, independientemente del show que sea, que todo salga bien y terminar conformes, nosotros y el público. 

—Dragonauta tiene más de 15 años y ya es, al menos desde nuestra perspectiva, como un mito viviente underground. No sé si les gusta filosofar entre ustedes, puertas adentro, si les interesa quedar en las retinas y en los corazones de la gente que los ha visto en todo este tiempo, como un referente del doom argentino. De hecho, muchas bandas de acá que aparecieron en este período los citan como influencia. ¿Qué piensan al respecto? 
—Es interesante lo que planteás. Creo que el hecho de hacer una música que a algún grupo de personas le parece interesante durante un determinado período de tiempo, hace que de alguna manera te vayas convirtiendo, no sé si en un mito, tal vez en algo así como un referente del under. Y tal vez, también, ese sea el lugar donde nos guste estar.-
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Créditos:
Foto #1: Sebas Michia.
Foto #2: Gimena Cuenca.

jueves, 10 de marzo de 2016

Diario de viaje: Drone Celebration @ Club Plasma


De una manera u otra, a menudo está en el aire esa idea de que siempre hay alguien que lo hizo primero. Nos pasa con la música, pero también se extiende a la historia, al arte, la cultura. Al menos quien escribe, desconoce si hubo antecedentes u aproximaciones a festivales de este subgénero mutante denominado drone, que parece rayar la indefinición, la abstracción y el minimalismo. Más de 30 km de distancia entre Morón y Club Plasma no fueron obstáculo suficiente para desertar a la primera celebración drone en Buenos Aires: dos escenarios, 10 artistas y uno de ellos internacional.

Ectoplasma fue de la partida, un triangulo lisérgico sublingual que nos hizo alucinar con sus proyecciones visuales analógicas, en vivo y en directo, mezclando tintas, colores, aceites y luces. Tremendo. Acto seguido, las mentes y oídos inquietos detrás del sello Zann´s, Fernando Suárez y Manuel Platino, también conocidos como Life, hicieron público su amor por Godflesh y los sonidos industriales opresivos, vientos disonantes y guitarras histriónicas en clave punk.


La noche estaba en pañales y ya los chicos de la barra no entendían lo que estaba sucediendo tanto arriba como abajo del escenario: matas de cables y pedales habían crecido como baobabs en un suelo que no estaba acostumbrado a esta clase de vegetación. Con un cronograma sincronizado casi a la perfección, la nutrida convocatoria no tuvo descanso: bajar y subir escaleras en cada acto y encontrar música al final del último escalón fue la constante de toda la noche.

El ex Dronevil, Adriel David, hizo lo propio con Lion Spirit Drifter calentando las baldosas y quemando loops y flores que iban a conectarse con el sorpresivo debut en solitario de Juan Manuel Díaz, guitarrista y cantante de Humo del Cairo, bajo el seudónimo de Errante. De negro y prácticamente de espaldas a la audiencia, mostró su lado más oscuro y experimental, logrando una reversión de “Monte”, entre acoples y sintetizadores. En el escenario de planta baja, Pandelindio y su camarada Diente de Madera fusionaron música y culturas de Oriente Medio con las del sur rural de EE.UU. Fueron 30 minutos de quietud espiritual que dejaron en estado meditativo a los que rodearon su performance. Una experiencia inédita realmente.



Cuando se inclinaba la madrugada, un viejo soldado del underground se hizo presente: Sergio Ch., mítico vocalista y guitarrista de Los Natas, Ararat, entre otros proyectos, se adueñó del escenario superior para ejecutar su autodenominado drone set. Él y su guitarra reversionaron pasajes de la última época de Los Natas como “Ganar-perder” hasta lo más oscuro de Corsario Negro con “El cono del encono”, pasando por su material solista “Aurora”. Sin dudas fue, junto a Pandelindio, de las propuestas más analógicas y acústicas del festival.

Desde las cenizas de Sarghuma Incoxis, Alejandro Gómez, guitarrista de Dragonauta, presentó su nuevo proyecto en solitario Öö, un compendio de armonías y arpegios tan escalofriantes y profundos como bosques escandinavos. Se apoyó sobre alguna que otra base digital, pero su enorme guitarra fue la protagonista del set. Muy interesante. Arriba, las luces multicolores ponían en evidencia un escenario repleto de pedales: fue el indicio de que Eric Quach, a.k.a thisquietarmy, estaba entre nosotros. El artista canadiense, que no disimula su herencia vietnamita, peló un arsenal de efectos que dejaría embelesado a cualquier fan de la experimentación sonora. A base de sus kilométricos mantras, TQA recolectó las mejores semillas de cada uno de los lugares que visitó y vino a plantarlas en estas tierras fértiles, para que la pequeña huerta drone de a poco le gane terreno al concreto de la ciudad. Gran paso de thisquitarmy por Buenos Aires.



El espíritu folk y solitario de Legión fue el comienzo del fin de la fiesta; bien entrada la madrugada, Bhutan, demostró nuevamente porqué es el exponente local más activo y creativo en cuanto a drone, noise, ambient se refiere. El trío que forma parte del sello Venado, recorrió de punta a punta su inminente nuevo material “Vexations”, que se espera para mayo, mismo set que sonó en Niceto Club en septiembre pasado cuando compartieron escenario con los japoneses MONO. A diferencia de su primer y único registro hasta la fecha, las nuevas texturas drone/noise tienen forma de post-rock, shoegaze, dejando de lado el doom negro y corrosivo. Pasadas las 4 AM, Bhutan interrumpió abruptamente sus bajas frecuencias y el público respondió con un largo aplauso aprobando la performance de la banda y el festival en todo su largo.

La vuelta a casa fue eterna. Los últimos árboles en la oscuridad se sacudían para que los primeros pájaros dialogaran entre sí entre sus extensas ramas. Sentirse vivo a esas horas fue una buena señal. Una gran experiencia. Agradecido, una vez más.


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Fotos: Diego Toledo.